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Notas de coyuntura sobre la recuperación de las reservas internacionales en un contexto convulsionado

Tras el “efecto Trump” en octubre de 2025, se inició una etapa de estabilidad cambiaria y una nueva burbuja financiera. Sin embargo, no permitió el regreso pleno a los mercados internacionales de crédito, limitando el financiamiento externo del gobierno nacional a organismos internacionales y préstamos “Repo”.

Durante el primer bimestre de 2026, las reservas brutas crecieron casi 5.000 millones de dólares, debido principalmente al aumento del precio del oro, los préstamos “Repo” y el incremento de encajes por depósitos en dólares. No obstante, al 23 de febrero, las reservas netas (metodología FMI) se hundieron hasta los -16.865 millones de dólares. Esto demuestra que la compra de divisas fue insuficiente para acumular las reservas que se requieren para cubrir los vencimientos de deuda pública con organismos internacionales y acreedores privados.

El panorama futuro es frágil por la elevada demanda de dólares para atesoramiento, que alcanzó promedios récord tras la liberación de controles en 2025, el aumento del déficit de turismo y el deterioro del superávit comercial. A este cuadro se suma la incertidumbre global por la guerra en Irán, que incentiva la salida de capitales hacia activos seguros. Con vencimientos de deuda que superan los 72.000 millones de dólares hasta el tercer trimestre de 2027, la economía argentina mantiene una alta vulnerabilidad ante posibles shocks externos en el corto plazo.